domingo, 14 de diciembre de 2014

El lugar en el que habitan


 Los niños muy pequeños suelen hacer preguntas que, guiadas su inocencia, ignorancia o lógica aplastante, elegid el motivo que queráis, nos sumergen en cuestiones filosóficas y psicológicas profundas. Varias veces me han preguntado con ojos anhelantes si lo que salía en la T.V., como Doraimon y sus amigos, las naves de StarWars o los dinosaurios de Spielberg, existían en algún lugar.

¿Qué hago? Me decía yo mientras esperaban respuesta inmediata, porque como soy adulta lo se todo del mundo... ¿Les dejo vivir en una maravillosa fantasía como pocas veces experimentarán de adultos o les digo la verdad aunque duela?


Decir que los dibujos animados los inventó y realizó alguien, que los dinosaurios están hechos por ordenador, que R2D2 es de mentira y un enano va dentro,  que Superman es un actor cuya vida se guíaba por rutinas y problemas como las de cualquier otro mortal... pues  no suena muy emocionante. Ellos quieren que existan realmente, ellos y mayores también  ¡me apunto! Yo también quiero que Rebeca, Ayla, Luke Skywalker o Scarlett O'Hara sean reales y habiten por ahí, en una mansión victoriana en blanco y negro, perdidas en la prehistoria, en una galaxia muy muy lejana o en la América de Norte y Sur.



 Y da igual el lugar donde transcurre la acción, en mundos del pasado, presente o futuro, reales o imaginados. Seguro que muchos desearían que la Tierra Media existiera realmente, Terramar o cualquier otro lugar... ¿Cuál es el vuestro? ¿Camelot, el Mundo Perdido o el planeta Betazed de StarTrek? ¿Quizás desearíais ir de la mano del Capitán  Ala Triste, Indiana Jones, Katniss en los Juegos del Hambre o con los vampiros de Crepúsculo? Da igual...





Si ya existen en las mentes de sus creadores ¿son reales? Pensadlo de verdad. Para ellos seguramente sí.  ¿Y cuando sus aventuras y vidas, aunque sean de ficción, se nos cruzan y nos hacen revivir como nuestras sus apuros y alegrías? ¿Acaso no son reales nuestras emociones? Según los escáneres cerebrales experimentamos e interpretamos de igual manera lo que imaginamos que lo que vivimos realmente, así que existen, al menos en nuestra cabeza.
Pero, dejadme que vaya más allá. Ahora sí que os pido dar una vuelta de tuerca. Si es así, ¿cuando dejen de ser imaginados por alguien dejarán de existir igual que nosotros dejamos de hacerlo cuando nos convertimos en polvo y nadie sepa que existimos alguna vez?
En la película "Ira de Titanes" los dioses mueren porque ya nadie los necesita, ni les rezan, ni piensan en ellos y desaparecen. Como los antiguos dioses, los personajes de ficción desaparecerán en cuanto dejen de ser adorados, al igual que muchos otros seres y mundos de ficción. 


Quizás esperen ocultos en algún relieve de piedra enterrada, en algún cuadro en un polvoriento desván, en una antigua cinta de video o un manuscrito  olvidado esperando a ser convocados y revividos por alguien que vuelva a sentir su historia como propia y les acompañen en sus aventuras.


 


Como explica el guionista y cineasta Gonzalo Suárez, director de  la maravillosa "Remando al Viento":

"He oído decir que Frankestein se ha hecho popular por las películas, pero yo creo que, independientemente de las películas, tiene la virtud que tienen los buenos personajes como Don Quijote y Sancho Panza, que ya no necesitan del libro, que han salido de sus páginas y vagan por espacios siderales,  pero entre nosotros"



Quizás cobren vida con la obsesión de su autor al imaginarlos y que cobren más vida aún cuando nos tocan desde esos espacios siderales de la imaginación. Algunos nunca dejan de morir, se actualizan con otros rostros: Ulises, Tarzán, Arturo... Desconozco cuántas versiones cinematográficas van ya de Frankestein, incluída la cómica, cuántas ediciones en novela o en cómic o dibujos animados...  no sé cuántas de La Odisea o de nuestro Don Quijote. Echad la cuenta, a cada generación lo suyo, pero ahí siguen existiendo.

Pues, a lo que voy, cuando los niños me preguntan estas cosas ¿qué hago?

Pues decidí decirles siempre la verdad, explicada a su nivel, claro. Y sí, aunque duela y con la justita anestesia. Descubrir la verdad si se quiere se entiende y los niños no escurren el bulto como los mayores. Tras una pequeña cara de decepción, pues vale, no pasa nada, siguen disfrutando de todo, sabiendo lo que es y sumergiéndose en la historia cuando les apetece viviendo momentos inolvidables, con una intensidad feliz. Como los adultos, volverán muchas veces a recrearse en esos mundos y querrán tener un muñeco, póster o disfraz, algo tangible y "real" de esos personajes. 


Podrán imaginarse o desear que existen en algún lugar esos mundos creados por la imaginación de otros o por la suya propia, pero no se dejarán secuestrar por ella salvo en contadas circunstancias porque  la imaginación es muy útil, enriquece el pensamiento, fomenta la creatividad para resolver problemas y para soportar situaciones de crisis emocionales graves y si no que se lo digan a Ana de las Tejas Verdes o la niña de El laberinto del Fauno... personajes que proyectan a muchos seres reales.


"Hay otros mundos, pero están en este" dijo Paul Éluard 

¡Pues claro que sí!


¡Felices Fiestas y hasta el año que viene!


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Paseando por el Cementerio Inglés




Suele ocurrir que lo que tenemos más cerca lo dejamos sin conocer porque sabemos que lo tenemos a mano. También suele ocurrir que a la vuelta de la esquina  existen lugares insólitos, hechos extraordinarios, personas maravillosas o personas malévolas que pasan por normales pero que la cotidianidad los deja relegados a la indiferencia. Siempre buscamos lo exótico, lejano, la pompa y circunstancia.

Digo todo esto porque en mi barrio, Carabanchel, me enteré hace algunos años que existía un cementerio muy peculiar, el Cementerio Inglés, pero claro, está ahí al lado, ya iré. Carabanchel no tiene muy buena fama, será por la antigua cárcel, hoy derribada por una de esas decisiones incomprensibles, será por ser un barrio obrero, será por qué se yo, pero no será por no ser un distrito con mucha, muchísima historia. Palacios y conventos,  asentamientos romanos con mosaicos increíbles pegados a la iglesia más antigua de Madrid, restos prehistóricos antiquísimos de antes del hombre y después del mismo... todo esto daría para muchas y variadas entradas de este blog, pero de momento solo hablaré de este rinconcito.


El Cementerio Inglés guarda, como si fuera un oasis en medio de la urbe, muchos tesoros de la historia de la España del último siglo y medio, una de esas rarezas que da gusto conocer y que nos sumerge en lo más oscuro y lo más glorioso del espíritu humano, siempre eterno, pasen los años que pasen.


1 de Noviembre. Día de Todos los Santos. Una prima mía y yo retomamos una tradición pactada desde hace tiempo, la de visitar algún cementerio en estas fechas, porque para nosotras los cementerios no son lugares lúgubres o tétricos (salvo alguno, claro) sino todo lo contrario. Lugares donde el silencio  amansa y donde se nos enseñan muchas cosas de la vida de personas que, aunque ajenas, se nos presentan cercanas a través de los mensajes de sus lápidas. Aunque solo figure su fecha de nacimiento y muerte, con esas pequeñas pistas sobre su existencia, su profesión, sus hijos, nos enseñan que al final el tiempo vuela y que todos nos parecemos en amores y dolores, enfermedades, sentimientos y pérdidas, tanto si nuestra morada está en un fastuoso panteón o bajo una quebradiza lápida cuyas inscripciones están ya borradas por el tiempo, la vegetación y el olvido de los vivos.



No voy a hablar de su historia o ilustres moradores, para eso tenéis varias webs donde se da bastante información. Tan solo diré que fue creado en 1854 por el Gobierno Británico ante la falta de un lugar de enterramiento para personas de fe no católica, que cuando morían eran, por ejemplo, arrojadas a pozos o algo peor. Pues sí, mucho golpe de pecho pero luego parece ser que si no eras católico pues no tenías alma, sentimientos, no eras nadie, ni un padre o madre ejemplar o un ser humano y punto. Triste, pero es así. Parece que vamos cambiando en esto, pero llama la atención que el Madrid de 1800 pasaran esas cosas... o no, lo dejo a vuestro criterio.



Pasearse entre esas tumbas y sumergirse en estas historias contadas entre susurros es como revivir a modo de "película" momentos vívidos de importantes banqueros, de empresarios del espectáculo, de aventureros americanos que desde Oklahoma llegaban aquí vete tú a saber porqué, de masones con sus símbolos y pirámides, de pintores enamorados de un país como el nuestro, de madres y padres amantes de sus hijos fallecidos en una u otra guerra, de bailarinas que siguen danzando a modo de saludo, de matrimonios mixtos, de judíos atrapados en la azarosa y vengativa historia y también de personas de confesión ortodoxa. 



El nombre de una persona hace que su ser perviva, así pensaban los egipcios, y pronunciando aquellos que se nos antojan extraños a ojos españoles, parecía al menos reconocerles que, aun estando en un lugar  tan ajeno a su patria, les mostramos nuestros respetos estén donde estén. También saben escuchar los problemas que nos oyen comentar a  los vivos, mientras descansamos en un banco o entre paso y paso, problemas que ellos ahora ya miran de lejos, con la serenidad que da la sabiduría.



Cuántas vidas truncadas y cuántas historias de las que aprender visitando este cementerio. Y es que la vida y la muerte al final es igual para todos, de verdad. Lo que hacemos en ella y lo que perdura tras la misma es lo que marca la diferencia. Esas personas siguen "hablando" a través el tiempo, entre cipreses y flores, un lugar lleno de paz que merece la pena descubrir y que os recomiendo.



¡Feliz visita!



Enlaces:

- Web del Cementerio Inglés 


- Mi Cámara y Yo

- El Cajón del Maestro: 



 Calle Comandante Fontanes, 7

Madrid




miércoles, 15 de octubre de 2014

Estudio Ghibli y compañía


















La primera vez que vi una película del estudio Ghibli me quedé alucinada y fue más por lo que me hizo sentir que por la trama en sí. Era El Castillo Ambulante, basada en el libro de la escritora británica Diana Wynne Jones. El estudio Ghibli era algo totalmente desconocido para mí pero a partir de entonces me enganché a todas sus producciones.


Ghibli es el viento seco, caliente y arenoso del desierto, “nuevo viento”… así decidió denominarse este estudio japonés de películas de animación al mando de su creador, maestro, genio, gurú, o todo a la vez, Hayao Miyazaki, un apasionado de la aviación, la naturaleza y el feminismo. Id tomando nota.

Yo que me he criado con Heidi, Marco y Mazinguer Z, después de contemplar posteriores frikadas japonesas como Pokémon, Shin-chan, que no son santo de mi devoción, salvo Doraimon que tiene su gracia, pues la verdad es que no esperaba nada del manga. Lo mismo me pasa con la animación occidental, Disney, Píxar o DreamWorks que exploran la animación con gran carga de imágenes con las que bombardean al espectador, basándose en argumentos pobres y personajes planos, salvo excepciones, claro (Toy Story, Bichos, Hermano Oso...) Así que el día que me topé con el maestro Hayao Miyazaki volví a la fe verdadera con gran entusiasmo.

Elegancia, sensibilidad, mensajes que llegan al alma sin prisas ni estridencias a través de un gusto exquisito por el detalle, una música envolvente Jo Hisaishi (pincha para ver concierto) que deja su sitio a los silencios para que nos extasiemos con las imágenes y con todo lo que dice la mirada de los personajes… Ponyo en el acantilado, Mi vecino Totoro, La Princesa Mononoke, El Viaje de Chihiro¿Qué no habéis visto ninguna? ¡Pobrecitos, lo que os estáis perdiendo!





Nada de chistes malos y guiños absurdos al espectador adulto que, claro lleva a los niños al cine. Ghibli llega al adulto a través de reflexiones profundas que se cuelan por debajo del argumento visible. Algunas no son para niños pequeños, por ejemplo la última realizada por este genio con la que culmina su carrera, El viento se levanta, una obra maestra. Narra la historia de un ingeniero aeronáutico que ideó importantes innovaciones en el caza japonés de la II Guerra Mundial. Si os gusta el mundo de la aviación os moriréis de gusto en el sillón al verla.




Una advertencia importante, porque todo lo que he contado es muy bonito y luego me podéis acusar de "rarita" si veis alguna y no os gusta (no me importa si lo hacéis, estoy orgullosa de serlo). A saber: Hay que cambiar el chip de visión occidental superficial y materialista que tenemos a un lado del sillón o fuera del cine. Cuanto más lejos mejor. No dejéis que los prejuicios os arruinen pasar un rato genial. He avisado. Y es que una vez leí que existe una gran diferencia entre el pensamiento oriental y el occidental a la hora de acercarse a la realidad del mundo.


Por ejemplo, imaginemos que tenemos una flor. Una persona oriental, para aprender y saber lo que es una flor, ésa flor, la observará detenidamente, durante muchos días, en diferentes circunstancias. Verá sus cambios y extraerá sus conclusiones sin ni siquiera tocarla. Un occidental normalmente arranca la flor de cuajo, con raíces y todo si brota del suelo. Puede que la separe en partes para observarlas al microscopio y tomar buena nota de todo para averiguar sus funciones, entre otras cosas. ¿Me seguís?

Las dos formas de acercarnos al conocimiento no son excluyentes sino que pueden complementarse. Digamos que los occidentales no tenemos la paciencia para observar con serenidad… pues eso es lo que experimentaréis con las películas tipo Ghibli, un acercamiento a sentimientos y personajes entre la realidad y la fantasía en una historia poco corriente y con alguna lectura extra.

Pero el nuevo viento del Estudio Ghibli revolvió las ideas de más creadores. Entre ellos el hijo del gran maestre, Goro Miyazaki. Ser hijo de un genio no es nada fácil, tanta caña recibió del padre que dejaron de hablarse pero parece que se reconciliaron con su película Cuentos de Terramar, basada en las novelas de Ursula K. Le Guin, otra occidental. Como veis no tienen complejos en relacionarse con occidentales de todo tipo y condición. Una auténtica maravilla de película y encima con la música de nuestro gaitero Carlos Núñez… no digo más.
  




Más genios. Yoshifumi Kondo, que se dejó casi la vida con el elevado grado de autoexigencia al realizar la tierna y también maravillosa Susurros del Corazón… los japoneses también se matan a trabajar, puede que otra diferencia con nuestra forma de vivir, sin ánimo de ofender (se murió un par de años después).




Y dejadme que os recomiende la última que he visto y que ha sido la apoteosis que me ha decidido a escribir de una vez esta entrada. La preciosa Wolf Children - Los niños lobo, de Mamoru Hosoda,… bueno, esta me ha emocionado. Os va a encantar tanto si sois padres como si no, y si además amáis la naturaleza y los lobos, disfrutaréis un montón. Os pongo el enlace de YouTube donde podéis verla íntegra en castellano y con una definición muy buena.



Podría enumerar más pero es mejor que las descubráis por vosotros mismos y decidáis. Alguna a mí no me gusta tanto o la veo algo oscura o rara… recordad que la mirada oriental no es ponerse los dedos en los ojos y alargarlos, por favor.

Echo mucho de menos esta manera de narrar historias en las películas que llenan nuestras carteleras, sobre todo por Navidad o verano, con los deberes del merchandising ya hechos en la juguetería más cercana. Las películas Ghibli me recuerdan al Walt Disney más puro, amante del color, el detalle y la música. Creo que eso está algo hoy en día un poco olvidado o tachado de cursi por mentes cada vez más aceleradas que consultan el wassap mientras creen seguir la trama. La Bella y la Bestia o Fantasía 2000 me hechizaron por completo y creo que el propio Walt habría disfrutado mucho al verlas, así que no está todo perdido. ¿Por qué no harán más películas así, que graben en nuestra mente y en nuestro corazón emociones, personajes, paisajes y músicas? O si se hacen ¿cuántas llegan si quiera a ser editadas en DVD o tener un comentario que no sea en una revista especializada?




En definitiva, nuestras emociones infantiles, nuestra capacidad para fascinarnos y recordar cómo era pensar como el niño o la niña que fuímos saldrán a la superficie de nuestro consciente. Os invito a experimentarlo, porque hoy en día es un lujo y una obligación para seguir sintiéndose vivo en estos tiempos que corren. No tengáis miedo de hacer este descubrimiento de la mano del Estudio Ghibli y compañía. 

¡Que disfrutéis!




jueves, 25 de septiembre de 2014

Héroes, Santos y Premios Nobel de la Paz



   A lo largo de la historia, a las personas extraordinarias que poseían una fuerza o habilidad sobrehumanas, que plantaban cara a los peligros guiados por un empecinamiento y entusiasmo fuera de lo normal, que no temían ni al dolor ni a la propia muerte con tal de defender ideales más que sublimes, se les ha llamado Héroes o Semidioses. Después les llamaron Santos y desde hace unos cuantos años se les otorga con más o menos acierto el Premio Nobel de la Paz.

Creo que la persona que voy a introducir en esta entrada del blog podría ser las tres cosas a la vez: Héroe, Santo y Nobel,  aunque para ser las dos últimas hay que cumplir ciertos requisitos que a veces responden más a intereses políticos o religiosos… una pena.

Otra vez, aburrida haciendo zapping se me cuela un río inmenso en la pantalla. Están poniendo una de esas miniseries que de cuando en cuando echan en TVE. Me enganchó no por el tema en sí, porque la verdad es que una ya está muy cansada de ver tanta desgracia en los telediarios, sino porque estaba muy bien narrada, los actores eran buenísimos y, como he dicho antes, el río Araguaia y el Mato Grosso de Brasil se comían la pantalla y con ella mis ojos que se inundaron hasta bien adentro llegando así hasta mí el Héroe. 



El Héroe es Pedro Casaldáliga, un hombre sin pelos en la lengua, con firmes convicciones religiosas enraizadas al mensaje más primitivo del cristianismo, unas creencias que le llevaron al activismo de trinchera y no de despacho.



Claro, yo ni idea de su existencia, ni de su lucha de tantos años , ni de los peligros ni amenazas recibidas, vamos que una espera viendo la miniserie que se lo tienen que cargar en cualquier momento, como todo buen Héroe o Santo. Pero no, parece que ni los cuchillos, ni las balas le rozan, ni tampoco las palabras y actos envenenados de sus ”iguales” en la jerarquía eclesiástica que parecen haber olvidado ese mensaje primordial y puro del que no se cansa de hablar Pedro Casaldáliga.

Los héroes suelen ser famosos porque hacen cosas extraordinarias y la historia de sus hazañas se propaga con rapidez para los que se sienten salvados y para los que lo odian. Pero yo os pregunto:

¿Quién merece ser Héroe o Santo?
¿Cuántos han subido a los altares sin merecerlo y cuántos anónimos lo son sin importarles la gloria?
¿Conocéis alguno a vuestro alrededor? Puede. Quizás no sean un derroche de virtudes pero de pronto algo les remueve por dentro y obran el milagro, sí, auténticos milagros. Seguro que tenéis o habéis tenido a alguno cerca en vuestra vida. Pensadlo bien.

En tiempos de guerra hay muchos criminales y también muchos héroes. Yo conocí a uno de estos héroes siendo niña pero me enteré de una de sus historias ya de mayor, cuando él ya no estaba. Era mi abuelo paterno. Guerra Civil Española, bando republicano, Puente de Toledo, Madrid. Pistola en mano se enfrentó a sus compañeros, los más exaltados para los que luchar  significaba cargarse a quien sea sin preguntar, sin ver su humanidad bajo un hábito de monja que aterrorizada por buscar cobijo de la locura de la guerra necesitaba cruzar el puente. En guerra todo cambia y si un puñado de monjas son eliminadas como daño colateral poco importa e incluso se puede presumir de ello como diversión. Quizás alguna de aquellas monjas habrá recordado durante su vida a aquel hombre que gritó que  “Allí no se mataba a nadie y el que se atreviera a hacerlo tendría que dispararle antes a él”. Aquellas palabras fueron pronunciadas con rotundidad. Las defendería con su vida. 



Las monjas pasaron. Una cosa era disparar a un hombre armado en el frente y otra matar por que sí a personas inocentes. El de la foto era este héroe.


Hay muchísimos héroes escondidos y camuflados  porque un héroe siempre dirá que actuó haciendo lo que tenía que hacer, que no es nadie especial ni presumirá de serlo nunca. En los colegios hay chavales que defienden sin temor a compañeros acosados por sus propios amigos, también existen mujeres que en solitario crían a sus hijos logrando darles amor y educación aún estando todo el día ganando agotadas su sustento, y personas que, aún sabiendo que perderán su puesto de trabajo, no dudan en denunciar una situación corrupta o inmoral, y a veces el héroe se pone a prueba de verdad enfrentándose consigo mismo… se me ocurre por ejemplo el que sale del mundo de las drogas, de la delincuencia o de una situación personal difícil sea la que sea.

Quizás algunos de vosotros seáis un héroe en espera… ¿por qué no? Eso piensa el Dr. Philip Zimbardo, que de maldad sabe bastante. Famoso por su experimento de presos y carceleros con voluntarios de la Universidad de Stanford, tuvo que abortar el mismo a los pocos días por la crueldad sin fingimientos que demostraron tener los carceleros con los desgraciados estudiantes a los que les tocó “representar” el papel de presos. Escalofriantes resultados que solo reflejan la pura realidad y que luego, muchos años después,  el propio Zimbardo pudo comprobar en las cárceles de Irak y que salieron a la luz por unas fotografías trofeo de los soldados estadounidenses… supongo que las recordáis.

Pero, a pesar de tantos años estudiando la maldad humana, Zimbardo hace una reflexión maravillosa que nos llena de esperanza, haciéndonos ver que no tenemos que depender de un héroe que se presente y nos salve cual Superman, Capitán Trueno o Spiderman. Según Zimbardo todos podemos ser un Héroe en Espera, en espera de saltar de nuestra zona de confort, de reaccionar, de despertar de nuestro letargo, y que esto no es algo con lo que se nace, sino que podemos entrenarlo y de esta manera vencer a lo peor de nuestro género humano.


Y sigue con nosotros el obispo Pedro Casaldáliga ¡con 86 años!, escribiendo, trabajando, con su web y todo y, por supuesto, amenazado de muerte. Si esto no es un Héroe, un Santo y no merece el Premio Nobel de la Paz (y sí Obama o  FW de Klerk) es que aún andamos un poco perdidos.

¿Os atrevéis a ser un Héroe en Espera? No es por nada pero el mundo necesita de unos cuantos… ¿o quizás lo sois y no os habéis dado cuenta?



Algunas de las cosas que dice Pedro Casaldáliga:

-“Si doy limosna al pobre me llaman Santo, si pregunto por qué los pobres no tienen qué comer me llaman comunista”

- “Es fácil llevar a Jesús en el pecho, lo difícil es tener pecho, coraje, para seguir a Jesús”

- “Estados Unidos declaró la guerra en Irak, pero millones de personas declararon la paz en todo el mundo. Yo creo que la fuerza de esa conciencia es invencible, y acabará imponiéndose”


Os pongo algunos enlaces:


   “Descalzo sobre Tierra Roja” – Miniserie de TVE ¡¡¡MARAVILLOSA!!!, actorazos, genial. Tenéis que verla, os lo ruego.



    
Web de Casaldáliga: poesías, cartas, artículos, espiritualidad de la liberación…  http://www.servicioskoinonia.org/Casaldaliga/



Entrevista de Pedro Torres a Pedro Casaldáliga: http://pedrotorres.org/?p=636

    
Web del experimento de la Cárcel de Stanford: http://www.prisonexp.org/espanol/




Pagina web del Proyecto Heroic Imagination de Zimbardo: http://heroicimagination.org/

Programa Redes entrevista a Zimbardo. "La pendiente resbaladiza del mal". GENIAL: http://www.youtube.com/watch?v=n0ymDKGUWy8


Libro de Zimbardo “El efecto Lucifer”, editorial Paidós. Aquí explica todo su conocimiento sobre la maldad humana de una manera magistral y amena. Al final del mismo expone sus reflexiones para cómo lograr ser un Héroe en Espera.



martes, 15 de julio de 2014

Irse a destiempo


 Estamos en verano. Hace calor y muchos nos vamos de vacaciones, por ejemplo a la costa. Me fascina el mar, sus secretos hundidos, su rugir y la música que hace cuando se retira de las piedras de la orilla, sus monstruos legendarios, las historias de marineros y lobos de mar, de largas y peligrosas travesías en busca de sustento o aventura, de faros acechando el peligro… en fin que me descargué un podcast de un programa de radio que hablaba del mar y sus misterios, para ponerme más a tono.




Para mi sorpresa, lo que más me intrigó del programa fue un comentario que no estaba previsto, que salió en la tertulia de refilón pero para mí fue un gran descubrimiento: la pesca del atún rojo que se realiza desde tiempos inmemoriales frente a las costas de Tarifa (Cádiz).

Alguna vez he visto por la tele la imagen de hombres aguerridos luchando con bestias de más de 500 Kg. con un simple gancho y un brazo bien fuerte. Pero mira tú por dónde que lo interesante ya no es la pesca o su táctica sino cómo sabían dónde poner la red, la almadraba, en el punto exacto. La clave eran las orcas, donde hubiera orcas acechando había bancos de atunes recorriendo el estrecho en determinadas épocas al año. 


Pero no es más interesante lo que se cuenta que quién lo cuenta. En este caso, en el programa de radio se menciona a una persona, Mario Morcillo, que explicaba a turistas que acudían a Zahara de los Atunes las maravillas acuáticas de ese mar ancestral que guarda mil historias de fenicios, romanos, aventureros y conquistadores. Digo que explicaba porque Mario Moricllo es una de esas personas que se fue a destiempo. Falleció en un accidente haciendo lo que más le gustaba, mostrar a un grupo de turistas la naturaleza y hacer sus propios descubrimientos.

Irse a destiempo es una auténtica faena para el que lo hace y para los que se quedan un tormento. Solo nos queda el consuelo al pensar que los que se marcharon así dejaron su poema de la vida bien escrito antes de irse, con su juventud y todo, su semilla ya plantada, con el entusiasmo ya contagiado a los que les rodeaban y además llegando a otros que ni le han conocido, como yo, que años después los descubren a través de un programa de radio.

¿Qué tiene Mario de excepcional para dedicarle esta entrada? No lo se, como digo no le conocía, pero me cautivó lo que contaba sobre la pesca de atunes y cómo lo hacía, el enlazamiento de historia y naturaleza, sus conclusiones y su pasión. Desde una cueva antiquísima, con restos pictóricos que él dice poder interpretar, Mario nos susurra sus reflexiones porque desde esa cueva se divisan las orcas, y donde hay orcas hay atunes y la supervivencia está asegurada. Pero yo me pregunto: ¿Cuántos secretos arrancados al mar y a las piedras podría haber contado Mario de no haber fallecido?

Recuerdo de niña la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente. También a destiempo. “¿Por qué gente que hace tanto por el mundo muere tan rápido, mamá?”, pregunté. “Pues porque Dios quiere a todos los buenos a su lado”, me contestó. Yo no podía entender cómo Dios podía ser tan egoísta, con la falta que nos hacen en el mundo éstos y no la escoria que hace la vida imposible al resto. De ahí el dicho de “bicho malo nunca muere”. Sea como fuese estas personas nos pasan el testigo para que sigamos la carrera por ellos, ahora nos toca apretar el puño y correr como posesos hasta entregarlo al siguiente.

Y digo yo, ¿cómo se puede pasar por el mundo durante años y no hacer nada? No digo escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo, descubrir la vacuna del SIDA o ser famoso…tan solo aportar nuestro particular verso a este poderoso drama de la vida, tal y como decía el poeta Walt Withman. Y es que hay mucha gente que no aporta casi nada al mundo, no trabaja o lo hace con desgana y mal, se ocupa solo de sí misma y sus placeres, de dar lo mínimo con la familia y su comunidad y se muere de vieja en la cama. Qué triste, no?

Félix Rodríguez de la Fuente o Mario Morcillo son solo la punta del icerberg  de todo lo contrario porque existe mucha gente por ahí que deja bien escrito su verso, hacen algo que merezca la pena, con humildad, entre los suyos, transmiten algo a alguien o dejan el mundo mejor de lo que lo encontraron, con pasión y entusiasmo.

Pienso ir a visitar la Cueva de las Orcas en Zahara de los Atunes y contemplar el mar que tengo en frente y prometo imaginarme la presencia de Mario allí, en su cueva y las de los atuneros prehistóricos, hablándome de orcas, sol, huellas en la roca, almadrabas y fenicios.

Y ahora os pregunto yo a vosotros: ¿Cuál será vuestro verso antes de iros?


" (...) De lo malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que
vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ?

Respuesta

Que estás aquí - que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama, y que
puedes contribuir con un verso.

WALT WHITMAN 


¡Feliz verano!



Os propongo:









  • Video de la pesca del atún, de cuando se iba con boina y ropa a la antigua usanza. Llama la atención el estupendo guión, además de la fuerza de las imágenes y las canciones que usaban los pescadores al prepararse para pescar y al hacer las capturas. 


  • Libro, “La última lección” Randy Pausch, otro que se fue totalmente a destiempo, pero sabiéndolo, que no se si es peor o mejor. En este libro se dejó hasta las pestañas por transcribir los últimos versos de su poema en la vida. Por favor ¡leedlo o ver el video!, es un testamento genial y divertido a pesar de estar presente la sombra de su marcha. Si además podéis ver el video de la conferencia de esta última lección en la universidad mejor que mejor.  Está en inglés pero hay versiones con subtítulos en castellano en youtube. Ya en vida dio mucho como profesor de informática y ser humano pero el libro de la conferencia donde da su última lección es emocionante e inspirador.








  • Libro "Mares Tenebrosos", una recopilación de relatos de misterio sobre el mar de la editorial Valdemar. Una gozada.

  •  Poemas de Walt Withman. Este es poeta de verdad, vamos, y de los gordos. A mi me encanta. Os pongo dos de sus poemas, uno dedicado al mar, que parece escrito para Mario Morcillo y otro dedicado a vosotros, a mí claro por la parte que me toca, porque a pesar de que el mundo es como es, que la gente es como es, estamos aquí y tenemos que contribuir con nuestro verso. Os saldrán montones de webs en Internet con sus maravillosas poesías llenas de mar, naturaleza, a la vida y al ser humano que, si me permitís la obscenidad, entendibles o accesibles.









Con el reflujo del océano de la vida 
WALT WHITMAN

" (...) Mientras recorro las playas que no conozco
mientras escucho la endecha
las voces de los hombres y mujeres náufragos
mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian
mientras el océano, tan misterioso
se aproxima a mi cada vez más
yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca
un puñado de arena y hojas muertas
y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.

jueves, 19 de junio de 2014

Ese libro que nos llama



Hace algunos años regalé un libro a un amigo. Pero él, mientras conducía veloz con su furgoneta por los bosques de Girona llevándome de dolmen en dolmen, me regaló algo mucho mejor: un pensamiento. Por aquel tiempo se pusieron de moda los e-books. ¿Qué te parecen? ¿Mejor que los de papel de toda la vida? Entonces él dijo su pensamiento, ese que os digo que me regaló sin saberlo, así como si nada. Yo al principio lo acogí con una sonrisa en los labios, escéptica, pero después me descubrí soñando despierta imaginando reales sus palabras.

Si, ya van, ya las digo… Mi amigo me comentó que  prefería más los de papel y que además le gustaba prestarlos porque los libros guardaban las emociones de los que los habían leído antes. Según él era como si el libro, además de su contenido en tinta, fuera acumulando entre sus páginas las vibraciones del alma de quien los siente al leerlos. Ahora entendéis mi sonrisa ¿no? Pero, vamos a soñar un poco, porque de eso va en parte lo de leer ¿verdad?

Y es que atribuimos a muchos objetos y seres un ánima, forma parte de nuestra psique, y si ese objeto ha pertenecido o ha estado en contacto con alguien en determinados momentos, buenos o malos, pues le damos más valor. Por algo se mueve tanto dinero cuando se subasta un guante de Michael Jackson, una joya de Lady Di o la chaqueta de algún asesino en serie… esos objetos contienen para nosotros una historia, sí, pero también la emoción impregnada de su antiguo propietario. Parece como si, aun fallecida, algo de esa persona sigan ahí, lo que sintió haciendo uso de esos objetos. 

Los libros son un soporte que nos pone en contacto con autores lejanos o cercanos, fallecidos o no, de hace miles de años o contemporáneos, alguien que nos cuenta algo de sí mismo, del mundo que vivió, pensó y sintió. Como decía mi amigo Carl Sagan en su libro Cosmos: El autor habla a través del tiempo de forma clara y silenciosa, dentro de nuestra cabeza, directamente a nosotros”. Y mi genial amigo Stephen King, el autor de best-sellers de terror, llama a esto “Telepatía de verdad (…) cuando se tocan las mentes sin chorraditas místicas”

No os confundáis, a Carl y a Stephen no los conozco en persona, ni ellos a mí. Por desgracia uno ha fallecido y el otro me toca muy lejos pero los considero mis amigos del alma porque tengo muchísima telepatía con ellos, de la buena, como dice Steve, con el que ya tengo algo de confianza.

Pero bueno, sigamos soñando… imaginemos que soy el niño lector de La Historia Interminable ése que roba un libro por el que se siente atraído de manera irreprimible y que un "confiado" librero había dejado a su vista. Ése que al comenzarlo a leer pasan muchas cosas dentro del libro, de la historia y de él mismo. Bueno, pues demos vida a los libros, o alma, o conciencia o lo que queráis e imaginemos que nos llaman desde el lugar donde están depositados, a la vista o no, como si fueran los tambores del juego Jumanji, reclamando que los saquemos a la luz y siga el juego de la telepatía en marcha. Así me lo he sentido yo varias veces.

Sí, ya se, probablemente retenga más en mi memoria todos los libros que encontré por pura casualidad y me encantaron que los que me parecieron un bodrio, es un sesgo humano muy común, pero no me agüéis ahora la fantasía ¿de acuerdo? ¡Hemos quedado en que estamos soñando! 

Mi descubrimiento tuvo lugar en un lugar de Cantabria de cuyo nombre no quiero acordarme (Alonso Quijano, otro loco por la lectura) Imaginaos. Lugar paradisíaco, brisa marina al atardecer, horizonte azul y gente recogiéndose después de un día de playa porque amenaza lluvia. En el paseo marítimo habían instalado unas casetas de venta de libros, tanto nuevos como de segunda mano. Siempre he sentido lástima por los libros de segunda mano, son como perros abandonados de los que intentan deshacerse, sacarles el último suspiro económico antes de acabar en algún contenedor de basura. A veces se encuentran cosas interesantes y me gusta saber que los salvo de la hoguera del olvido de Fahrenheit 451… ¿Me vais siguiendo? Si no es así no os preocupéis que al final os pongo el enlace. 

Estaba bien escondido, mi libro, pero sentía los tambores cada vez más fuerte y, como si jugaran al frío frío o caliente caliente, mis manos fueron acercándose hasta dar con él. No se si fue la portada, la reseña o qué pero en ese instante supe perfectamente lo que sintió el niño de “La Historia Interminable” (Bastián Baltasar Bux). Yo no lo robé y mira que tuve ocasiones. Lo dejé donde estaba, bien guardadito y me fui a dar un paseo. No iba a llevármelo, no tenía ni idea de quién era el autor ni nada de nada, pero el dichoso libro me atraía como un imán y no me lo quité de la cabeza mientras andaba descalza por la playa. Pensé que ojalá existiera un Cementerio de Libros Olvidados.


 Ya sabéis lo que pasó después. Lo compré. Ni siquiera abrí la primera página para echar un vistazo al estilo o de qué iba realmente. Me encantó. Hacía mucho que no disfrutaba tanto con un libro, disfrutar de verdad, ponerme los pelos de punta y emocionarme, vaya. Así que si algún día ese libro acaba en manos de alguien pues ya lo he recargado más, supongo. Desde entonces decidí escribir en cada uno de mis libros  el por qué lo tengo. La historia de estos encuentros es a veces bastante curiosa.

Los que más me impactan son los de personas fallecidas ya hace años que escriben con una profundidad y sabiduría que hecho en falta hoy en día. Tengo la sensación de que se repiten temas, se copia a otros y encima mal, superficialmente, para ganar dinero o por moda, no se, pero surgen gurús de la novela historia o de la autoayuda que dejan mucho que desear cuando se conocen verdaderos maestros cuyos nombres no son tan conocidos. Pongo dos ejemplos:

Dale Carnegie con uno de sus libros “Cómo ganar amigos” de 1936, un libro lleno de reflexiones profundas con un lenguaje cargado de sabiduría, afortunadamente reeditado y traído a la vida. Y el otro es Lucano, poeta romano del siglo I, con su “Farsalia”. Si os gusta Lovecraft o Poe disfrutaréis mucho con este maestro en la descripción directa y sin anestesia de las guerras entre César y Pompeyo, nada infantil y romántico como estamos acostumbrados. De la mano de Lucano he entrado en un bosque maldito celta al que temen hasta las legiones y de la mano de Dale Carnegie he aprendido mucho de los seres humanos. 

Y según mi amigo, ese que me regaló su pensamiento, el de la furgoneta que iba dando botes por los caminos de Girona, esas emociones que he sentido con ellos al leerlos las descargo con mi mirada y mis manos en el libro físico que contienen su mensaje y su poder se renueva. Les dejo a los más místicos creer si el libro tiene alma y vida. Quizás es lo que proyectamos e imaginamos del autor, al que revivimos, pero lo importante es el encuentro y disfrutar de nuestra suerte cuando éste se produce. 



Como dice mi amigo Carl:

“Los libros nos permiten viajar a través del tiempo, explorar la sabiduría de nuestros antepasados, nos conectan con las intuiciones y los conocimientos extraídos penosamente a la naturaleza, de las mejores mentes que hubo jamás, con los mejores maestros, a fin de que nos instruyan sin cansarse y de que nos inspiren para que hagamos nuestra propia contribución al conocimiento colectivo de la especie humana”

Quizás mi amigo Rafa de Girona ni se acuerde de aquella conversación pero yo sí. Quizás algunos escritores no recuerden lo que escribieron con exactitud porque lo hicieron en un momento y estado mental determinado, quizás estén muertos, pero la telepatía sigue funcionando ¿no? 
¡Y de MARAVILLA!


Lo prometido es deuda:

 Cosmos, de Carl Sagan y todo lo demás que ha escrito. Este hombre dejó toda su alma en Cosmos, el libro de la serie de TV. No pongo enlace. Hay miles en la red.





La historia Interminable, de Michael Ende. Es muy distinto leerlo con doce años que siendo un adulto. Maravilloso y profundo. Revelador.








  Mientras escribo, del maestro Stephen King. Alucinareis con este libro, sobre todo si os gusta escribir. Enlace con reseña del mismo.


  







 La Farsalia, de Lucano. Aquí os dejo otro enlace que explica más sobre él.


 
  Fahrenheit 451, del genio de la ciencia-ficción Ray Bradbury. Tenéis la peli o el libro. Ambos con bastantes añitos ya. Podrían hacer un remake bien chulo, pero bien hecho, si no mejor no tocar nada. Inquietante, a veces me dan ganas de memorizar los párrafos que más me gustan de cualquier cosa cada  vez que recuerdo sus escenas.








Cómo ganar amigos, de Dale Carnegie. Lo tenéis en .pdf aquí








La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón. A ver si algún afortunado descubre el Cementerio de los Libros Olvidados, pero que no se enteren los bomberos de  Fahrenheit 451



JumanjiLa película, genial. No va de libros pero si de tambores insistentes que no anuncian nada bueno. El cuento en el que se basa es de Chris Van Allsburg.








Momentos de Protección, de Eric Fosnes Hansen. Mi descubrimiento, bueno uno de ellos. Menos mal que los insistentes tambores de Jumanji solo los oí yo. 

El lugar de Cantabria de cuyo nombre si quiero acordarme es Suances y el librero, con montones de historias que contar sobre libros y lectores, es Augusto.